Desde muy joven sentí fascinación por el dibujo técnico. De ahí mi interés por el diseño, al que poco a poco me fui acercando como un juego que me despertaba curiosidad. Esa fue la semilla de lo que hoy centra mi vida profesional: la arquitectura.
Con el tiempo desarrollé mi propia visión de la arquitectura. Entendí que aquella combinación de proporciones y líneas que yo convertía en un juego, tenía un poder fundamental: crear experiencias de vida.
Hoy observo cada proyecto como una historia que comienza en una conversación serena y se proyecta en un plano. A partir de ahí fluye mediante un proceso de cocreación en el que es preciso tener muy presente cómo impactará desde el punto de vista experiencial.
De nada serviría dominar la técnica si perdiera toda perspectiva de la emoción que el empleo adecuado de esta puede generar en las personas a través del diseño arquitectónico.
Esto me mueve cada día en mi trabajo en el Estudio de Arquitectura que fundé hace ya unos 20 años. Y también me conecta con aquel niño que un día, sin saberlo, se proyectaba a sí mismo en el futuro diseñando como arquitecto.
Los inicios y la pasión por el detalle
Mi trayectoria profesional comenzó con la misma ilusión con la que trazaba mis primeros bocetos en la adolescencia. En aquellos años el diseño técnico me enseñó algo que sigo aplicando en cada proyecto de mi estudio de arquitectura: la precisión es una forma de respeto hacia la idea y hacia quien la encarga.
No siempre ha sido fácil el ejercicio de mi profesión en estas dos décadas. Hoy me alegra enormemente haber seguido adelante trabajando incansablemente para lograr mis propios sueños como arquitecto, sobre la base de mis principios y mis valores.
La arquitectura exige constancia, adaptarse a los cambios, asumir desafíos técnicos y emocionales, y mantener la autenticidad en un entorno cada vez más competitivo. Pero cada obstáculo ha sido también una oportunidad para reafirmar mi compromiso con una arquitectura que una funcionalidad, estética y coherencia.
El reflejo de una nueva generación
Hoy, al ver a mi hija de once años interesarse por los planos, revivo aquellos primeros sentimientos.
A veces se sienta conmigo frente a una distribución y me da su opinión sobre cómo mejorarla. Lo sorprendente es su capacidad de observación. Tiene una visión estética muy desarrollada para su edad.
Escuchar a mi hija ahora es como mirarme a mí mismo años atrás. Quizás, sin pretenderlo, está aprendiendo a mirar el espacio con los mismos ojos con los que yo lo observaba a su edad.
Esos momentos me recuerdan por qué elegí este camino.

Un Estudio de Arquitectura centrado en las personas
Durante los últimos años, mi estudio de arquitectura Miguel TuArquitectura, ha crecido y se ha consolidado. La proyección alcanzada ha permitido que lleguen encargos desde diferentes ámbitos geográficos, más allá de Huelva y Andalucía Occidental, donde está ubicado.
Este reconocimiento refleja la confianza de nuestros clientes y de una manera de entender la arquitectura que apuesta por la personalización, la honestidad y la innovación.
Cada proyecto está centrado en las personas. Desde una vivienda unifamiliar de nueva construcción hasta una rehabilitación integral, el objetivo conecta con la esencia de mi trabajo como arquitecto: que el diseño facilite la experiencia deseada.
Esa filosofía se ha convertido en la identidad de nuestro estudio de arquitectura, y es lo que nos permite construir proyectos que permanecen en el tiempo.
Mirar hacia el futuro sin perder la esencia
Después de tantos años estudiando y trabajando como arquitecto en Huelva me resulta complicado dar una definición única de la arquitectura. Al pensar en ello me vienen a la cabeza numerosos valores con los que, en mi opinión, conecta o debe estar conectada.
Cuando veo a mi hija descubrir esa misma emoción al analizar un plano o imaginar cómo sería una casa desde dentro, entiendo que para mí la arquitectura, más que una profesión, es una manera de mirar el mundo.
En cada línea, en cada decisión y en cada proyecto sigue latiendo la misma pasión que me acompañó desde niño, aquella que hoy intento transmitir y que sigue guiando el rumbo de Miguel TuArquitectura: un estudio de arquitectura comprometido con crear espacios que cuenten historias, que inspiren y que permanezcan en el tiempo.
